5.26.2011

Ocre.


Cada otoño, las hojas volvían a caer. Las ramas se antojaban solas y desnudas, pero siempre quedaba la esperanza de que crecieran de nuevo.
Se recomponía con solo sentarse a esperar.
Y los anillos se sumaban unos a otros.
Una ráfaga de aire nos lo arrebató todo; después de las regaderas llenas de lágrimas, sólo quedó inestabilidad.
O corrías o merecías quedarte atrás en el camino, mientras el viento se reía de tu pelo enredado.
Nos quedamos mirando, allí, nadando como truchas en agua fría.
En realidad no se fue del todo, solo creció demasiado, pero lucharemos, abrazados alrededor del tronco, para que nunca caiga.
Aunque nos toque aguantar el frío invierno a tus pies.
Aunque no entendieras que tenías un papel en esas palabras.

5.12.2011

Dando cuerda.


La peonza daba vueltas y explotó.
Solo quiero llorar como lo hacía antes, como cuando el sol salía al cerrar los ojos y perder contra el sueño.
Muero por culpa de todo cuando no puedo ver nada. La nariz, el carácter… supongo que la ceguera también es cosa de genética.
Estoy perdida donde conozco cada rostro.
No me pidas más que alejarme, sin él, sin ellos, sin mi misma. Déjame en el desierto junto un avión destrozado, esperando al Principito que vendrá hablando de su pequeño planeta, sus pequeñas flores, su pequeño cordero… vendrá a desoír mis preguntas.
Le tengo miedo a tu alegría.
La esquivo cuando me busca, quiero que me lea los ojos y hable sola a través del negro, quiero pedirle algo que no puedo, que haga el silencio sin calla los gritos.
Porque las palabras duelen y las vueltas, matan.