9.25.2011

Feliz vuelta a contar.


Nos decíamos hola y adiós y nuestras miradas seguían el pasillo abarrotado de cabezas, nos empujaban y hasta luego. Pero ganábamos algo, y ese papel, doblado cuarto veces entre nuestras manos, decía más de lo que cualquiera podría entender.
Una extraña manera de sentirse escuchada, pero sin voz, y necesaria entre tantas comas.
Palabras ciegas, pañuelos de lágrimas y risas. Canciones que sonaban alto cuando queríamos gritar y bajito, al oído, cuando el silencio nos aplastaba las penas.
Un diario a medias que quedará suspendido en el aire para siempre.
Un verano de vacíos guardados bajo llave, déjalos salir, ha terminado.
Se acabó, HAS VUELTO. Hemos vuelto, otra vez, dispuestas a contar lo que el silencio nos deje. Hasta el fin de nuestras páginas.

9.17.2011

Instinto animal.


Cinismo puro. Una sonrisa que se escapa de tus labios y pienso: ¿qué te olvidaste por el camino?
Te reías y reíamos las dos, ¿cuándo cambió el timbre de esa voz que me sacaba de casa?
Y nunca aparentas, chocamos contra tu cristal una y otra vez. Sigues impasible, etérea, ¿de verdad no te duele?
Te doy mis lágrimas silenciosas, mi miedo al abandono y esta extraña estupidez (que es todo lo que soy), pero vuelve.
Nos duele poner en venta esa habitación vacía pero llena de recuerdos, pero ¿qué quieres que le haga si nos olvidaste, allí, en una sucia habitación de hotel de carretera?

9.08.2011

Tus horas.

Parece mentira que lo olvidara. Se fue, se paró el torbellino que arrasaba todo a su paso. Ese del que todos se apartaban y no importaba, tampoco importa ahora.
Pero son como las canciones que no pude componer todos esos días de gritos en la calle, como las miradas negras que te hacían bajar la vista y susurrar.
Me quedé lo que quisieron de ti, algo que flotara en el aire como un nombre al azar, un secreto a voces bien guardado.
Nunca dormido. Nunca despierto.
Siempre cantando, alto y hasta el cielo. Siempre pensando, soñando, recordando, superando tantos kilómetros de sueños que nunca se cumplirían.
No intentaba entender, solo te seguía, no había nada malo y era lo bastante valiente.
Me susurraste al oído que te quedarías para la eternidad, cantando en mi funeral, pero hemos cambiado demasiado desde entonces. Se te acabaron las ideas a mi altura, tus notas se diluyeron en el agua blanca que mató mis jazmines.
Dijimos adiós para siempre,
pero me doy cuenta de que echo de menos tus alas.