Temiendo a la soledad y huyendo de los abrazos, nos perdimos donde las frondosas copas no dejaban pasar la luz, y los ojos no nos devolvían más que oscuridad.
Juntaremos nuestras espaldas, pensando en algo más que las risas, notando tus huesos (y los míos) clavándose en la piel áspera de mi espalda.Y deseando volar, reflejar la luz del sol con nuestras alas, brillando desde el cielo con el neutro resplandor de los dientes blancos.
Algo que me haga olvidar que queda el refugio de otros brazos, para creer que no los necesito, que es solo deseo.
Pensar que soy única, que me quedo atrás y, sin embargo, quiero correr, me secará las lágrimas.
Creer que somos a la vez.