3.26.2012

Destino o desesperación.

Desilusiones, ¿qué más le podíamos pedir? ¿Qué más podríamos desear cuando la vida misma anda dando vueltas en un bombo de lotería?
Rodando y rodando, solo queda hacer crecer las esperanzas, lanzarlas alto hasta allí donde no puedas verlas y se pierdan en los límites de lo posible.  Creíamos que estaba cerca y el suelo sobre el que caminábamos se hacía suave, sin darnos cuenta de que también por eso era más resbaladizo. Y, aunque ya habíamos olvidado esta común sensación de descuido, volvimos a caer de culo, aplastando nuestros pensamientos. Qué bonito era pensar que te tendría, que lo sabrían y que de vez en cuando las primeras impresiones fallan para que las segundas deslumbren de verdad.  
Quién diría lo que pueden llegar a pesar las ilusiones cuando se desmoronan o cuán idiota te sientes después de darte cuenta de que has perdido toda carrera. Y, sin embargo, resulta irónico pensar que puede que ni cruzáramos la meta. Lo elegimos así. Pensamos que sería lo mejor, pero el recuerdo de esa cordura se lo llevó volando el viento, dejándonos, aunque felices, desnudos ante lo que ya deberíamos estar acostumbrados a sentir.

3.04.2012

Hazme volar.

Vete y déjame sola, aquí con tus esperanzas.
Arrójame al río y haz que pierda la memoria, que olvide cada palabra, cada letra, cada sonrisa y cada suspiro. Y, aunque bien sabes que solo recordamos lo que nunca sucedió, oblígame también a desprenderme de todo aquello que vivimos. Porque quiero sentirlo otra vez, mi piel de gallina y tu voz cálida hablándome a través de papel mojado. Quiero cerrar los ojos y no poder contenerme, que mi estómago se haga canica y que la lluvia no cese ahí afuera, pero, sobretodo, añoro tenerte conmigo siempre, despierta toda la noche con el corazón sintiendo y la incertidumbre bombardeándolo.
Crecéis y me quedo atrás, sin querer desalojar el baúl de mis recuerdos.
Siento que fuera tan corto. Así que házmelo olvidar y empecemos de nuevo por donde no éramos más que simples desconocidos.