Alza tu mirada al cielo y observa las rocas caer sobre ti.
Los pedazos de ese pequeño edificio que luchamos por construir juntos, piedra a piedra, ilusión tras ilusión. Se precipitan hacia el suelo, se estrellan y se desmoronan en tan poco tiempo que apenas puedes pensar en lo que dejamos atrás. Cada ladrillo, cada piedra es un momento que nos marcó, algo para recordar; el cemento que los unía, las sonrisas que nos dedicamos y los abrazos que nos dimos. Y ahora te ríes de mi dolor, puede que los demás no tarden en hacerlo también, pero te echaré de menos cada minuto que recuerde que no estarás a mi lado como lo estabas antes. Veía esto venir, veía los muros deteriorarse rápidamente pero mis pequeñas manos no son suficiente para sujetarlos todos.
Se caerán poco a poco todas las paredes y me desgarrará el corazón ver que mis leves susurros no pueden hacer nada contra los gritos furiosos de las ventiscas que los echarán abajo. Podemos construirlo de nuevo, como hemos hecho otras veces, pero es un proceso largo y pesado el montarlo todo desde el principio porque todavía no habéis aprendido a daos cuenta de lo que pasa hasta que no queda nada a lo que agarrarse, ningún hombro sobre el que llorar.
Romperéis en lágrimas cuando lo sintáis todo perdido, cuando queráis recuperar lo que dejasteis morir sin importar las consecuencias. Ahora estas han llegado, impulsadas por las verdades a medias, los secretos escondidos y las miradas de desprecio pero ¿sabes una cosa? Mis ojos han quedado ya secos, derramé todo mi pesar, gasté mis fuerzas intentando recomponer esos muros, haciendo encajar las piedras. Sin ayuda no es fácil.
Ni fácil ni suficiente así que no puedo más que esperar a que mires hacia el cielo y que los pedazos que caen te hieran los ojos hasta hacerte comprender.