4.29.2011

Mar adentro.


El susurro del viento me llevó volando, arrastrada suavemente por las corrientes. 
El mar envolvió mi pelo, mi piel y me cerró los párpados despacio, para que no notara nada, para ayudarme a avanzar por esa senda de azahar en la que el atardecer nos da la oscuridad perfecta.
Puse mi mano sobre la llama encendida de una vela y se fundió.
Sonreí hasta que se me desgarró el ama y tuve que contener las lágrimas. 
Las sequé hasta que me llevaron mar adentro.
¿No se hizo demasiado corto este viaje?
Dando vueltas hasta que me rinda, sin nadie que me pare, me pregunto si la solución llegará sola cuando caiga.
Habremos llegado a tierra sin un billete de vuelta en el bolsillo.
Sin olas, sin sol, sin tormentas.
Piensa, respirando hondo. Hazme ver lo que tus ojos no me dejan.


4.14.2011

Y encima durmió solo.

Me sobra el aire a mi alrededor y, sin embargo, no puedo más que aferrar mi garganta mientras me ahogo. Despacio, concientemente. Me arrebataron el tiempo para tomar oxígeno y expirar, las flores se marchitaron y mis dedos aún siguen sucios después de todo este tiempo.
Soltaste mi mano y ahora la pluma se escapa de ella, independiente y escurridiza, huyendo de donde no encontró su hogar.
Corriendo tras ellas, el tiempo me pisó los talones.
Me rompió los zapatos cuando empezaban a billar.
Las letras susurran mi nombre y me llaman con variopintas caligrafías. El reloj las absorbió a todas, dejándome a solas con los números estrictos. Tragó cuanto vio y las voces se lo sirvieron en bandeja.
Nos dejó un colchón en el suelo frío y la cabeza llena de ilusiones.

4.07.2011

Soñar despierto.


Cuando miro a mi alrededor y solo encuentro esa hipocresía enmascarada, cuando me abruma la soledad, siento que no estoy en ningún bando, que soy únicamente la pelota que rodaba a los pies de los muñecos del futbolín.
Porque las sonrisas no son suficientes cuando me pudro por dentro y el egoísmo me aplasta, cuando sé que habría apagado las velas con mis lágrimas hace tiempo. Las alternativas están demasiado altas para la humildad trotamundos, aquella que ya escasea y se ahoga, se suicida escaleras abajo.
Si no sé si cerrar los ojos y descansar o no cerrarlos nunca y vivir; si a veces deseo con tanta fuerza extinguir las brasas que quedan antes de que ardan de nuevo; si lo daría todo por un poco de seguridad…
Recógeme del suelo si caigo, abrázame si lloro, bésame para que nunca nos vayamos, para que pueda olvidarlo todo y así agradecerte a cada momento que estás a mi lado.
Y si llueve, déjalo estar, que saldrá el arco iris entre tantas nubes, que las flores nos sonreirán desde lo bajo.
Mientras las manecillas del reloj sigan contando los segundos, lentas y perezosas, y las canciones no dejen nunca de sonar, tendrás mi mano junto a la tuya, haciéndole competencia a la nieve que cae pero no vemos, fundiéndose despacio para que nos cueste más separarlas cuando no podamos evitar una despedida, oscura o bajo el sol, pero siempre conmovedora.
Regálame un suspiro, un te quiero oculto entre las margaritas, un atardecer cálido de nubes rosáceas… una palabra que quede suspendida en el aire para siempre.