La peonza daba vueltas y explotó.
Solo quiero llorar como lo hacía antes, como cuando el sol salía al cerrar los ojos y perder contra el sueño.
Muero por culpa de todo cuando no puedo ver nada. La nariz, el carácter… supongo que la ceguera también es cosa de genética.
Estoy perdida donde conozco cada rostro.
No me pidas más que alejarme, sin él, sin ellos, sin mi misma. Déjame en el desierto junto un avión destrozado, esperando al Principito que vendrá hablando de su pequeño planeta, sus pequeñas flores, su pequeño cordero… vendrá a desoír mis preguntas.
Le tengo miedo a tu alegría.
La esquivo cuando me busca, quiero que me lea los ojos y hable sola a través del negro, quiero pedirle algo que no puedo, que haga el silencio sin calla los gritos.
Porque las palabras duelen y las vueltas, matan.
Las palabras siempre van a permanecer ahi haciendo daño
ResponderEliminarCreo que tienes cosas que contarme, mon chou.
ResponderEliminarAsí que ya puedes ir cogiendo un folio reciclado, tu pluma florescente, y desahogarte.
Te quiero Marinita.