10.29.2016

De cuando volví y volaron cascadas

Hacía tiempo que sentía que me perdía, que no era, o que no fueron más que mentiras, muy bien pintadas todas. El sol brillaba y mi piel se estremecía, lo acogía, si bien la falta de peso ya no me dejaba más que mirar al suelo. Y, claro, así nadie se deslumbra. 

Pero volví. Quizás demasiado redundante, fuerte, ingenuo, este concepto. Pero ¿qué más da? si se trataba de eso. De volver a cuando todo daba igual, o todo lo contrario. A sentir vibrar, tensar mis músculos, sofocar mi piel, la vida. Volví, y me perdí. La oscuridad me envolvió, asintiendo. Como una madre que te abraza después de tantos años. ¿Cómo pude estar tanto tiempo lejos de casa?

He vuelto, y el cielo lo sabe. Mis latidos guían sus nubes. Mi pecho lo sabe. La imagen de lo que fuimos y dejamos de ser, aquellas lágrimas que se perdían entre tintas, lo saben. Repitiendo este sabor, abriendo los ojos, despierto, y vuelvo. Y ahí está, me tienta, me llama. Me llamo, pero nada importa ya más que la sensación de volver a ser, de dejar que la bruma gris absorba cada parte de mi. Sí… enterrarse en ella y cerrar los ojos, pensar en lo que fue y no volvió, en todos los suspiros que nos faltan. Y en los que nos quedan por vivir. Porque es ahora, ahora que el fuego vuelve y es mío. Ahora que me lleva, que lo amo. Ahora que me da igual el fondo, la forma, las risas o las sonrisas. Y me digo que hay que gritar, GRITAR. Y dejar fluir todo lo que quedaba en mi interior. Porque aquí estoy, donde siempre, sonde nunca pensé que volvería a estar. Tú tan fuerte y yo vibrando. Todo decadente y yo tan viva. Simplemente en el mundo, gritando, sintiendo cómo no es mi sitio y me da igual. Porque he vuelto, alguien me devolvió las alas, le susurró al viento que no merecía la pena, que era yo, o el momento, que era la vida. Que era todas las veces que quise llorar y no pude, todas esas personas que me enseñaron a ser, y aún más aquellas que fueron por mí. Espero que lo tengan en cuenta. Estaba en mi, me tenía, y no me importa ya si nadie lo recuerda. Mi corazón me llama. Me dice que ha vuelto, que ha vuelto para ser yo, y ser él, para que no seamos nadie en realidad (y así sentirnos importantes).

Y soy tan yo que me pierdo. Pero sonrío y espero la siguiente canción, aquella que me lleve alto, más aún, hasta donde pensé que ya no podía llegar. Y toco la vida, mi vida. ¿Tan lejos fui que se olvidó de seguirme?


Todo se encuentra

1 comentario:

  1. No puedo creerme que seas tú. Tengo ganas de llorar de la emoción.
    No vuelvas a marcharte nunca.

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