Bienvenidos al desfile negro, a la marcha de las ánimas que cubren con un velo la soledad, de las que miran con ojos vidriosos el cielo encapotado mientras sienten sus piernas desfallecer y su corazón desenfrenarse en llantos, de las que callaron tras tantas risas, de las que perdieron la lucha contra el desengaño y se rindieron al tiempo…
Abrió la puerta a los extraños la hermandad de las lágrimas rotas y los besos perdidos.
Únete y siente como las sombras te roban el alma poco a poco, oscureciendo cada comisura que quiera alzarse por encima de la inalterabilidad, encerrando tus latidos en una jaula de metal.
Enorgullécete de ese escozor que hace saberte vivo una vez más, prueba el dulce dolor que es sentir, tantea a ciegas el filo de un vaso roto, ese en el que las gotas caen pero nunca se llena.
Y quizás entonces dejes de desear esa hermética luminosidad que te nubla la vista, la que oculta los desgarros más profundos.
Los tambores suenan,
Retumban las ideas.
Y en el desfile negro, nadie es diferente pero las diferencias nos aplastan hasta hacernos lisos. Bienvenido a la monotonía.
Nadie es igual pero todos somos a la vez.
