6.08.2011

Espectacular.

"Si por un minuto crees que eres mejor que una chica de 16 años con una camiseta de Green Day estás profundamente equivocado. Recuerda la primera vez que fuiste a un concierto a ver a tu banda preferida. Usabas su camiseta, y cantabas todas sus canciones. No sabías nada de política, cortes de cabello, o qué era cool. Todo lo qué sabías era que esa música te hacía sentir diferente de cualquiera con el que compartieras casillero. Alguien finalmente te entendía. Eso es de lo que se trata la música" - Gerard Way

"¡No pueden hacerle eso al gran Ludwig Van! ¡Él sólo hizo música!" - La Naranja Mecánica

5.26.2011

Ocre.


Cada otoño, las hojas volvían a caer. Las ramas se antojaban solas y desnudas, pero siempre quedaba la esperanza de que crecieran de nuevo.
Se recomponía con solo sentarse a esperar.
Y los anillos se sumaban unos a otros.
Una ráfaga de aire nos lo arrebató todo; después de las regaderas llenas de lágrimas, sólo quedó inestabilidad.
O corrías o merecías quedarte atrás en el camino, mientras el viento se reía de tu pelo enredado.
Nos quedamos mirando, allí, nadando como truchas en agua fría.
En realidad no se fue del todo, solo creció demasiado, pero lucharemos, abrazados alrededor del tronco, para que nunca caiga.
Aunque nos toque aguantar el frío invierno a tus pies.
Aunque no entendieras que tenías un papel en esas palabras.

5.12.2011

Dando cuerda.


La peonza daba vueltas y explotó.
Solo quiero llorar como lo hacía antes, como cuando el sol salía al cerrar los ojos y perder contra el sueño.
Muero por culpa de todo cuando no puedo ver nada. La nariz, el carácter… supongo que la ceguera también es cosa de genética.
Estoy perdida donde conozco cada rostro.
No me pidas más que alejarme, sin él, sin ellos, sin mi misma. Déjame en el desierto junto un avión destrozado, esperando al Principito que vendrá hablando de su pequeño planeta, sus pequeñas flores, su pequeño cordero… vendrá a desoír mis preguntas.
Le tengo miedo a tu alegría.
La esquivo cuando me busca, quiero que me lea los ojos y hable sola a través del negro, quiero pedirle algo que no puedo, que haga el silencio sin calla los gritos.
Porque las palabras duelen y las vueltas, matan.

4.29.2011

Mar adentro.


El susurro del viento me llevó volando, arrastrada suavemente por las corrientes. 
El mar envolvió mi pelo, mi piel y me cerró los párpados despacio, para que no notara nada, para ayudarme a avanzar por esa senda de azahar en la que el atardecer nos da la oscuridad perfecta.
Puse mi mano sobre la llama encendida de una vela y se fundió.
Sonreí hasta que se me desgarró el ama y tuve que contener las lágrimas. 
Las sequé hasta que me llevaron mar adentro.
¿No se hizo demasiado corto este viaje?
Dando vueltas hasta que me rinda, sin nadie que me pare, me pregunto si la solución llegará sola cuando caiga.
Habremos llegado a tierra sin un billete de vuelta en el bolsillo.
Sin olas, sin sol, sin tormentas.
Piensa, respirando hondo. Hazme ver lo que tus ojos no me dejan.


4.14.2011

Y encima durmió solo.

Me sobra el aire a mi alrededor y, sin embargo, no puedo más que aferrar mi garganta mientras me ahogo. Despacio, concientemente. Me arrebataron el tiempo para tomar oxígeno y expirar, las flores se marchitaron y mis dedos aún siguen sucios después de todo este tiempo.
Soltaste mi mano y ahora la pluma se escapa de ella, independiente y escurridiza, huyendo de donde no encontró su hogar.
Corriendo tras ellas, el tiempo me pisó los talones.
Me rompió los zapatos cuando empezaban a billar.
Las letras susurran mi nombre y me llaman con variopintas caligrafías. El reloj las absorbió a todas, dejándome a solas con los números estrictos. Tragó cuanto vio y las voces se lo sirvieron en bandeja.
Nos dejó un colchón en el suelo frío y la cabeza llena de ilusiones.

4.07.2011

Soñar despierto.


Cuando miro a mi alrededor y solo encuentro esa hipocresía enmascarada, cuando me abruma la soledad, siento que no estoy en ningún bando, que soy únicamente la pelota que rodaba a los pies de los muñecos del futbolín.
Porque las sonrisas no son suficientes cuando me pudro por dentro y el egoísmo me aplasta, cuando sé que habría apagado las velas con mis lágrimas hace tiempo. Las alternativas están demasiado altas para la humildad trotamundos, aquella que ya escasea y se ahoga, se suicida escaleras abajo.
Si no sé si cerrar los ojos y descansar o no cerrarlos nunca y vivir; si a veces deseo con tanta fuerza extinguir las brasas que quedan antes de que ardan de nuevo; si lo daría todo por un poco de seguridad…
Recógeme del suelo si caigo, abrázame si lloro, bésame para que nunca nos vayamos, para que pueda olvidarlo todo y así agradecerte a cada momento que estás a mi lado.
Y si llueve, déjalo estar, que saldrá el arco iris entre tantas nubes, que las flores nos sonreirán desde lo bajo.
Mientras las manecillas del reloj sigan contando los segundos, lentas y perezosas, y las canciones no dejen nunca de sonar, tendrás mi mano junto a la tuya, haciéndole competencia a la nieve que cae pero no vemos, fundiéndose despacio para que nos cueste más separarlas cuando no podamos evitar una despedida, oscura o bajo el sol, pero siempre conmovedora.
Regálame un suspiro, un te quiero oculto entre las margaritas, un atardecer cálido de nubes rosáceas… una palabra que quede suspendida en el aire para siempre.