Cinismo puro. Una sonrisa que se escapa de tus labios y pienso: ¿qué te olvidaste por el camino?
Te reías y reíamos las dos, ¿cuándo cambió el timbre de esa voz que me sacaba de casa?
Y nunca aparentas, chocamos contra tu cristal una y otra vez. Sigues impasible, etérea, ¿de verdad no te duele?
Te doy mis lágrimas silenciosas, mi miedo al abandono y esta extraña estupidez (que es todo lo que soy), pero vuelve.
Nos duele poner en venta esa habitación vacía pero llena de recuerdos, pero ¿qué quieres que le haga si nos olvidaste, allí, en una sucia habitación de hotel de carretera?
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