5.20.2012

Gotas estrepitosas

Vaya! Parece que volvemos a hablar de lluvia. Siempre he oído hablar de las tormentas de verano pero, si te soy sincera, pensaba que eso no iba con nuestro albero. Habrá que replantearse nuestro concepto de verano, porque también está claro que, a pesar de los asfixiantes momentos que acontecieron esta pasada semana, hemos vuelto al casi-invierno otra vez.
No está mal que, en medio de la tormenta, cuando la lluvia más araña los cristales, los plomillos se rindan y te dejen en la oscuridad, sumida en el pensamiento y sobresaltada con el haz de luz de los rayos y su posterior, pero no por ello menos espeluznante, trueno. Como único consuelo, concederemos a este mundo tecnológico que nos envuelve cada día más, un portátil con media batería y Word para escribir, aunque tenga que tantear las letras a ciegas que, en definitiva, no es muy diferente a lo que suelo hacer.
Y, aunque el encanto de ese momento a solas con la luz de la pantalla haya terminado y pueda volver a ver mis dedos otra vez, los rayos siguen ahí afuera, tronando segundos después, y haciéndome sentir un pequeño escalofrío, de esos que te recorren cuando no comprendes qué ocurre fuera.
Nunca pensé que esto pasaría, pero justo ahora, encuentro más interesante la lluvia que me rodea, que cualquier otro pensamiento que me aplaste el corazón, de esos que últimamente me sobran, porque, total, no había imaginado que esto sirviera de algo, pero menos pensé que en lugar de comprensión recibiera risas.

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