Nos decíamos hola y adiós y nuestras miradas seguían el pasillo abarrotado de cabezas, nos empujaban y hasta luego. Pero ganábamos algo, y ese papel, doblado cuarto veces entre nuestras manos, decía más de lo que cualquiera podría entender.
Una extraña manera de sentirse escuchada, pero sin voz, y necesaria entre tantas comas.
Palabras ciegas, pañuelos de lágrimas y risas. Canciones que sonaban alto cuando queríamos gritar y bajito, al oído, cuando el silencio nos aplastaba las penas.
Un diario a medias que quedará suspendido en el aire para siempre.
Un verano de vacíos guardados bajo llave, déjalos salir, ha terminado.
Se acabó, HAS VUELTO. Hemos vuelto, otra vez, dispuestas a contar lo que el silencio nos deje. Hasta el fin de nuestras páginas.
