Parece mentira que lo olvidara. Se fue, se paró el torbellino que arrasaba todo a su paso. Ese del que todos se apartaban y no importaba, tampoco importa ahora.
Pero son como las canciones que no pude componer todos esos días de gritos en la calle, como las miradas negras que te hacían bajar la vista y susurrar.
Me quedé lo que quisieron de ti, algo que flotara en el aire como un nombre al azar, un secreto a voces bien guardado.
Nunca dormido. Nunca despierto.
Siempre cantando, alto y hasta el cielo. Siempre pensando, soñando, recordando, superando tantos kilómetros de sueños que nunca se cumplirían.
No intentaba entender, solo te seguía, no había nada malo y era lo bastante valiente.
Me susurraste al oído que te quedarías para la eternidad, cantando en mi funeral, pero hemos cambiado demasiado desde entonces. Se te acabaron las ideas a mi altura, tus notas se diluyeron en el agua blanca que mató mis jazmines.
Dijimos adiós para siempre,
pero me doy cuenta de que echo de menos tus alas.
Me gustaría que se te pasa por la cabeza para escribir esto.
ResponderEliminarHace mucho que no sé nada de ti.
Echo de menos leer una dosis de tus delirios todos los días mientras voy en el coche camino de mi casa.