Perdona si te digo, que estoy hablando sin saber, cobarde (y no creas
que no lo entiendo, pues yo fui y soy la peor de todas, encerrándome en un
cajón los pensamientos). Pero quiero que al menos tú lo entiendas, habiendo
tirado yo la toalla y tú la casa, porque luego, por pausados que sean tus
latidos entonces, el corazón seguirá dándote vuelcos por lo que nunca sabrás y
morirás imaginando esas palabras. Suena como para pensárselo, ¿no crees?
Puedo parecer cruel, alentándote a lo que no conseguirás. Hasta puede
que lo sea. Pero a cambio te ofrezco algo que yo nunca tuve, siempre que me lo
prometas tú a mi. Y que así seamos la astilla que nos faltaba, para hacer del
corazón completo.
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